Un hombre de carácter podrá ser derrotado, pero jamás destruido...

domingo, 1 de febrero de 2009

Amor de otoño


Hola, princesa:
Te amo. Desde la 'sensatez' de mi edad tardía, te confieso mi amor. Lástima que este hecho incontestable resulte insuficiente para que tome tu mano mientras te miro directamente a los ojos y de pida... "vivamos juntos". Temo que ya será el nuestro, mi último amor. Pese a ello, voy a resignarme a poner a este inocente corderillo en el ara de los sacrificios para seguidamente levantar, sin que me tiemble, el brazo y acabar con él. Tal vez suceda, que ya en esta edad, que no fue programa para el amor ni la pasión, sino para el recuerdo y el consejo, tal vez, digo, he cometido el error de amar. Por ello, perdóname por amarte.
Quiero darte "mis" razones de la ruptura. Sé que te amo y creo saber que me amas. Contamos con el bagaje inicial para vivir nuestra aventura. Con él inician los jóvenes que se aman su aventura vital. Pero tú y yo no somos jóvenes. Sobre todo, yo. Los lazos
creados durante toda una vida se antojan, en momentos como éste, amarras irrompibles que nos cosen al pasado. Cualquier vieja costumbre reclama atención, los hijos que ya se fueron o que están en trance de irse no renuncian a sus pequeños egoismos, no somos nadie socialmente, pero de todos lados nos reclaman leves contribuciones porque aparecemos como la solución más fácil y más barata... sobre todo. Y nosotros, yo, accedo a no decepcionar a nadie. Como si en ello me fuera el prestigio o la "inmortalidad" en los recuerdos a la que todos, creo, aspiramos. Como un ovillo que se tejió solo en derredor nuestro, así es nuestra vida ahora. No tengo coraje para tomar la tijera y cortar por lo sano. Tal vez estoy cansado, seguramente tengo miedos, si, en plural, MIEDOS.
Y queda la otra parte: la que se pega a ti, como la piel a la cereza, y te conforma como una perspona coral... No, no te rías... Ya sabes, tus hijos que volaron de casa, pero aun permanecen en ella bajo tu amparo, tus variados empleos que te dan para mal vivir, pero que te sirvieron para sacar adelante a tu familia, la hipoteca de tu casa aun por cancelar, tu país al que amas y odias a la vez porque su pobreza no te permitió cumplir los objetivos profesionales... Ya sabes tú cuantas cosas te aprisionan..., las mismas que me aprisionarían a mí si decidiéramos hacer la vida que nos resta juntos. Es demasiado...
Entiende mi renuncia, acepta con un poco de piedad mi cobardía... Dirás, quién sabe si con razón, que esto no es amor. Sí que lo es. Ocurre, sin embargo, que a ciertas edades, además del sentimiento amor, existen otras cosas. Son éstas tantas que vencieron en la batalla que libraron. Hoy le tocó perder al corazón. Quedarás en mío para siempre como el tardío y bello recuerdo que me llevaré al partir...

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